Adicciones,La comunidad,Tratamiento

El deterioro de los chicos se acelera por el tipo de sustancias que consumen4/10/2013

Es cada vez más baja la edad de los jóvenes que buscan ayuda en la “Comunidad Cerrada San Andrés”.

Los integrantes quieren dejar las drogas y, además, ayudar a otros a hacer lo mismo.

 

TODOS JUNTOS PARA LOGRAR EL OBJETIVO.

Los integrantes de Comunidad San Andrés se ayudan mutuamente para permanecer lejos de las drogas.

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“Fue una estupidez”, arranca Roberto, de 25 años. Su camisa blanca, sus zapatillas impecables y sus gestos son los de un “chico ganador”. El quiere verse bien. Estuvo en el infierno y ahora sonríe rodeado de otros jóvenes como él, que lo escuchan atentos. “Pensaba que yo no era nadie”, apunta. Y su memoria se clava justo cuando tenía 13 años. “Un primo había comenzado a drogarse y toda la familia estaba pendiente de él. Creí que si hacía lo mismo conseguiría que se preocuparan por mí”, relata.

“Estoy saliendo -asegura-, pero no es fácil sostener el no consumo, reconozco que de no haberme internado en San Andrés comunidad de modalidad CERRADA no sé si lo hubiera logrado”.

Comenzó con marihuana y pastillas. Después vino la cocaína. Probó de todo. Pero no deja margen para la duda cuando asegura que la sustancia que produjo en él la mayor adicción, y por la cual tuvo que buscar ayuda, es el residuo de la pasta base de cocaína, más conocido como “paco“. “Sólo por hoy no usaré drogas“, aclara el muchacho. Esta es la filosofía con la que intentan recuperarse los jóvenes como él en el grupo de 12 pasos, mejor conocido como programa minesota, donde se trabaja con los métodos de Alcohólicos Anónimos aún dentro de la Comunidad San Andrés, basados en los grupos de autoayuda.

La comunidad de modalidad cerrada para internaciones de todo tipo de patologías ligada con adicción y pacientes duales, recibe cada vez más adictos. La falta de sitios para internar y asistir pacientes le dio protagonismo. “Cuando decidí buscar ayuda no había lugar que me convenciera para internarme, así que vine aquí hasta que saliera algo. La verdad, esta comunidad me salvó la vida”, reconoce.

Sufrió mucho. “Cuando consumía, mi cuerpo necesitaba cada vez cosas más fuertes. Recuerdo un día que no podía parar de temblar. Después tuve una sobredosis. No podía parar. Lo único que quería era hacerme daño“, explica. Cuando llegó a “la comunidad cerrada” ni siquiera le salían palabras. “Había dejado de existir”, admite.

Entender y querer
Jorge M., también integrante de comunidad cerrada San Andrés, resume el trabajo que realizan: “nos juntamos para ayudarnos a permanecer lejos de las drogas, para entendernos, para querernos”.  Todos (los que llevan varios años en la terapia y los que acaban de entrar) tienen la misma función: salir de las adicciones y ayudar a sus pares a hacer lo mismo.

La edad de los que buscan ayuda en una comunidad cerrada cada vez es más baja.

“Vemos que se acelera mucho el proceso de deterioro de los chicos por el tipo de sustancias que consumen“, explica Patricio, de 50 años. Los jóvenes son a los que más les cuesta mantenerse en el grupo. “Son muy arriesgados y vemos que no les importan las consecuencias. Nos preocupa el camino que eligen cada vez más chicos sin saber el costo que deberán pagar, sin saber que los que ingresamos al mundo de las drogas tenemos todos el mismo final: la cárcel, el hospital o la muerte“, resume.

Hay palabras que parecen simples e insignificantes. Y, sin embargo, se cargan de sentido en esta sala de reunión en la que un joven cualquiera ubicado en medio de una ronda, no importa su clase ni condición social, llora porque durante su niñez su papá nunca lo fue a ver al club en el que jugaba fútbol. Y su compañero de silla confiesa que un día quiso contarle a su mamá que se sentía mal por haber probado drogas, pero que ella “le cerró la puerta” antes de que él pudiera decirle.

abrazo

Y seguramente mil historias de vida…

Desde la comunidad empieza el camino hacia una nueva manera de vivir

 

 

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Comunidad San Andres

Somos un conjunto de profesionales preocupados por la salud física, emocional y espiritual de las personas.
Estamos encaminados a mejorar sus relaciones interpersonales y familiares, tomando en cuenta que
la adicción es una enfermedad que no distingue edad, clase social ni sexo.
Nuestro modelo de tratamiento,  con terapias individuales y grupales dentro de una “comunidad cerrada”, nos ha dado la satisfacción de ver a nuestros pacientes reintegrarse como personas sanas a su círculo laboral, social y familiar.

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